Mostrando entradas con la etiqueta House. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta House. Mostrar todas las entradas

lunes, 20 de octubre de 2008

Vuelvo con lo que tengo




"La gente tiene lo que tiene; no tiene nada que ver con lo que se merece" - House

Ha vuelto House. Y vuelve como siempre. Tal cual es.

Vuelve diciendo la verdad sin tapujos.

Ha vuelto esta madrugada a mi lado mi amor platónico de ficción. Pura fantasía. Irrealidad completa.

Yo también vuelvo.

Ni fue mi descanso, ni es mi vuelta tal y como pensaba, pues ni en mi descanso pasó cometa alguno con un poco de luz y de esperanza, ni vuelvo nueva, radiante, renovada...

Simplemente vuelvo y vuelvo al igual que vuelve House, tal y como soy.






miércoles, 30 de abril de 2008

Para Blanca


Un músico irreverente paciente de House, drogadicto, fumador, pendeciero, etc, encontrándose prácticamente al borde de la muerte cuando le pregunta Zorra implacable si se arrepiente de algo convencida de que lo que le pasa es a causa de la clase de vida que ha llevado, éste le contesta :


He tomado drogas, alcohol, tabaco, he sido promiscuo, me he metido en peleas...Me arrepiento de todo lo demás.


sábado, 5 de abril de 2008

No todo tiene que ver con el sexo


[Del capítulo “El sexo mata”, de la serie “House”]

-Principio del capítulo: En la tienda del hospital House ve a Wilson comprando una caja de bombones-

House: ¡Bombones! ¿Quién es la afortunada?
Wilson: Mi mujer.
House: No, no pregunto para quién son los bombones, quiero saber con quién tienes una aventura.
Wilson: - al dependiente- Se cayó de cabeza de pequeño. Una tragedia.
House: Chocolate noruego. Francamente, comprando eso ayudas a los terroristas.
Wilson: Hay gente que reprime sus sentimientos y los libera en forma de dolor físico. Los humanos sanos expresan sus sentimientos, como el afecto, haciendo regalos.
House: Los regalos expresan culpa. Cuánto más caros, mayor es la culpa. Eso es una caja de doce dólares. O aún no te has acostado con ella o no era demasiado buena.
Wilson: No todo tiene que ver con el sexo, House.
House: ¿Ah no? ¿Y desde cuándo?

-Final del capítulo: House está en su casa preparándose algo de comida y escuchando música de blues. Tocan al timbre. House se acerca a la puerta, mira por la mirilla y la abre. Al abrir la puerta se ve a Wilson con una maleta en el suelo. Ambos la miran.

Wilson: ¿Puedo quedarme en tu casa unos días?
House: ¡Qué idiota! ¡Se lo has dicho!
Wilson: Me lo ha dicho ella.
-Unos segundos de silencio -
Wilson: Las cosas han ido fatal en casa. Supongo que no pasaba suficiente tiempo con ella. Supongo….- suspiro de Wilson- Resulta que tienes razón: siempre es el sexo. Ha tenido una aventura.
House: ¿Cervecita?

Lo malo o bueno de ver las cosas por segunda vez –esta vez en versión original– es que ves lo que antes no veías deslumbrado por la luz del macho dominante: El brillante, el prepotente, el sarcástico, el que abarca el espacio y no deja que te fijes en nadie más. Ahora estoy viendo el lado humano, brillante y bondadoso de Wilson.

Lo siento, House, pero te equivocaste con Wilson. No era él quien tenía una aventura. Wilson fue fiel, cosa que tú pareces no comprender ni siquiera cuando se trata de tu mejor amigo. Ahora yo estoy viendo al Wilson brillante, bondadoso, compasivo, humano y fiel que como mujer quiero. No todo es sexo, House. Me estoy enamorando de Wilson. Te aviso.

viernes, 1 de febrero de 2008

La voz de House



Ya he visto la cuarta temporada de House en versión original. ¿Qué puedo decir? Pues que, como siempre, me ha dejado embelesada. Pero además he observado que su voz en inglés es todavía más seductora que su doblaje al castellano. Tanto me ha gustado que he decido volver a ver todos los capítulos de todas las temporadas con su verdadera y seductora voz.


Lo mismo me ha pasado con Wilson, al que hasta ahora atribuía esa voz de bobalicón que le han asignado en el doblaje. Su voz en original es mucho más grave, y su tonalidad más erudita y perspicaz. Ahora lo admiro más que antes, porque ahora lo veo como esa persona culta e inteligente que House querría como amigo.


Hasta Cuddy, Chase, Foreman y Cameron tienen una voz más acorde con sus personajes en inglés que en castellano.


Y no digamos la voz de los nuevos aspirantes a colaboradores que incorpora esta cuarta temporada. Es increíble la diferencia que hay de un idioma al otro. Aunque gracias a Dios se han respetado los apodos que House les otorga: Trece, Zorra implacable, Buen amor, etc. Es indignante la voz entontecida que se les asigna. Sobre todo a Kutner y a Trece, que aparte de embobada y anodina es completamente atonal. ¡Por Dios! Si parece que en vez de un diagnóstico diferencial estén recitando la lista de los reyes Godos.


De hecho, estoy segura de que si House oye a Trece o a Seis – luego Nueve - con la voz aniñada y carente de inflexiones que tienen en la versión doblada, los habría despedido al momento. Un hombre como House no habría podido soportar semejante insipidez. Es más, creo que los habría despedido a todos el primer día y habría llamado para formar su equipo de diagnosis tan sólo al doctor Proper.

jueves, 8 de noviembre de 2007

El hombre de mi vida


Después de desvelar mi amor platónico por House en el blog de Glo, me pregunto si aquellos que lo han leído han entendido lo esencial de este sentimiento. Porque a simple vista parece que la conclusión lógica sea que si tengo un amor por House, éste deba ser platónico a la fuerza, ya que House es un personaje de ficción. Sin embargo, la realidad que quisiera trasmitir es la que sigue.

Si le profeso amor platónico a House es precisamente por ser él un personaje de ficción. Por eso con él sí me permito tener un querer romántico: porque House no existe, y por tanto no hay posibilidad ninguna de que ese amor idílico pase de ser platónico a algo más.

Y es que yo creo en la fidelidad llevada al extremo; ni siquiera el pensamiento debe entorpecer los sentimientos puros hacia tu amor verdadero.

No creo en un matrimonio –o noviazgo, o convivencia entre dos personas– en el que se uno de los dos pueda, por ejemplo, cerrar los ojos al ir a acostarse e imaginarse tropezándose con Brad Pitt en el Hotel Santo Mauro, o encontrándose en el vestíbulo de Arzak con Angelina Jolie.

Por eso aunque me hechicen los ojos azules de House; me maraville su inteligencia y su obsesión por encontrar la solución en su trabajo que le lleva a salvar vidas; me fascine su sarcasmo y su sonrisa cínica; me pasmen sus artimañas y formas poco o nada ortodoxas para alcanzar sus objetivos; me impresionen sus pensamientos y frases políticamente incorrectas; me atraiga su osadía; me sorprenda gratamente su falta absoluta de miedos incluido el más extendido entre los hombre: “El temor al color rosa”; me encante su forma de vestir, sus deportivas y su barba de tres días; me encandilen sus virtudes, sus defectos y sus vicios, y me quede embelesada tan sólo con mirarlo; por eso y pese a todo eso, a lo más que llegaré será a contemplarlo en mi reproductor de DVDs y dar algún que otro suspiro de éxtasis inocente. Pero al acabar el capítulo me acercaré a mi esposo, le besaré en los labios y le diré:

”Tú eres el hombre de mi vida.”

jueves, 1 de noviembre de 2007

Los culpables


Extracto de un diálogo entre el extraordinario House-Holmes y su fiel e irónico amigo Wilson-Watson:

House: ¿Sabes por qué hay lacitos para el cáncer de mama, para el de colon o el de próstata, pero no para el de pulmón?
Wilson: ¿Porque se quedaron sin colores?
House: Porque la gente culpa a los enfermos de cáncer de pulmón. Fuman, la han liado, merecen morir. La causa de su muerte es que son culpables.

¡Qué verdad tan grande, House! Estoy totalmente de acuerdo. Así es cómo la gente canaliza sus sentimientos de compasión, y con ello su ayuda y hasta su recuerdo.

Los fumadores son culpables, son malos. No se merecen ni siquiera un lacito de solidaridad. Imagino que a ese tanto por ciento de personas que sufren de este cáncer pero que jamás han fumado ni un pitillo se les debe consideran como daños colaterales.

Malos y buenos. Culpables e inocentes. Así de simple es la manera de enfocar nuestra caridad hacia la gente.

Lo mismo pasa con los presos. Son culpables, son malos y por tanto no hay nadie que se preocupe por ellos. Existen ONGs , coordinadoras, agrupaciones y asociaciones para casi todo. Creo que hasta hay una asociación para la defensa de la dignidad de la Chinchilla. Pero nadie se agrupa para velar por los derechos de los presos.

Da igual si para comunicarse una hora a la semana con sus allegados (en esa minúscula cabina con un telefonillo y gruesos cristales separadores) no funcionen la mayoría de los telefonillos y ni siquiera puedan decirles a sus hijos que los quieren. Da igual si nadie les avisa de los cambios. Da igual que si se decide que se le va a trasladar a quinientos kilómetros como si fuera un animal que te sobra, nadie sea capaz de avisarlo con un cierto tiempo para que se vaya haciendo a la idea o pueda comunicarlo a su familia. Cuando lleguen las once de la noche lo sacarán de su cama, le dirán: ”Recoge, que te marchas”; y ante el asombro de los compañeros que seguramente serán los únicos que aún siendo extraños le habrán tomado aprecio se tendrá que marchar sin saber dónde ni por qué. Porque si pregunta, no le contestarán; si pide que le dejen llamar, no lo dejarán. Y el preso, esté condenado por asesinato, desfalco o por robar una gallina, saldrá esposado a media noche con una tristeza inmensa hacia un futuro incierto.

Pero nadie tendrá compasión por ellos. Son culpables. Y los son aunque aquí también las estadísticas digan que hay un pequeño porcentaje de personas que son condenadas injustamente. Imagino nuevamente que son considerados también como daños colaterales.
Y más te vale que te sumes a esta tesis de buenos y malos. No se te ocurra contar injusticias sobre los malos, porque contemplarás cómo pronto se cambia de tema; a otro que ataña a los buenos, como por ejemplo el terrible estado en que se encuentran las butacas de los palcos del Teatro Principal.

Así que… ¡Fumadores, presos y otros malos del mundo: abandonad toda esperanza! Porque, al fin y al cabo, es mucho más merecedora de nuestra compasión una chinchilla.