martes, 8 de abril de 2008

Cómo jugar al juego de las sillas


”El ser un poco duro de oído no puede ser desencadenante de nada importante, salvo si juegas al juego de las sillas”.

Yo siempre perdía al juego de las sillas y no porque fuera dura de oído. Al revés diría yo. Me entusiasmaba demasiado con la música, y claro, perdía, perdía siempre. Quizás por eso cuando mi hijo en la guardería el día de la fiesta de fin de curso no ganó en el juego de las sillas a mí me dio más rabia que a él. Lo disimulé, le dije que había jugado muy bien y que poco faltó para ganar, pero me hubiera comido al sabiondo que le quitó la silla en el último segundo relegando a mi hijo al tercer puesto.

Y es que hay que ser un poco listillo y no dejarse envolver por la música, por muy pegadiza o atractiva que sea. Hay que tener los sentidos bien alerta, pues en cualquier momento el maestro de ceremonia, el profesor, el regente, el que mueve los hilos a su antojo puede detener la música y tú verte de pronto de pie sin ninguna silla libre que ocupar, mientras todos sentados miran prepotentes cómo te has quedado sola, fuera del juego, apartada ya para siempre como la fracasada que eres.

Otro juego perdido, y sólo por pensar que todos jugarían como tú, disfrutando, corriendo, saltando y sin pensar que en cualquier momento, sin previo aviso y a traición, la música puede cesar de golpe.

sábado, 5 de abril de 2008

No todo tiene que ver con el sexo


[Del capítulo “El sexo mata”, de la serie “House”]

-Principio del capítulo: En la tienda del hospital House ve a Wilson comprando una caja de bombones-

House: ¡Bombones! ¿Quién es la afortunada?
Wilson: Mi mujer.
House: No, no pregunto para quién son los bombones, quiero saber con quién tienes una aventura.
Wilson: - al dependiente- Se cayó de cabeza de pequeño. Una tragedia.
House: Chocolate noruego. Francamente, comprando eso ayudas a los terroristas.
Wilson: Hay gente que reprime sus sentimientos y los libera en forma de dolor físico. Los humanos sanos expresan sus sentimientos, como el afecto, haciendo regalos.
House: Los regalos expresan culpa. Cuánto más caros, mayor es la culpa. Eso es una caja de doce dólares. O aún no te has acostado con ella o no era demasiado buena.
Wilson: No todo tiene que ver con el sexo, House.
House: ¿Ah no? ¿Y desde cuándo?

-Final del capítulo: House está en su casa preparándose algo de comida y escuchando música de blues. Tocan al timbre. House se acerca a la puerta, mira por la mirilla y la abre. Al abrir la puerta se ve a Wilson con una maleta en el suelo. Ambos la miran.

Wilson: ¿Puedo quedarme en tu casa unos días?
House: ¡Qué idiota! ¡Se lo has dicho!
Wilson: Me lo ha dicho ella.
-Unos segundos de silencio -
Wilson: Las cosas han ido fatal en casa. Supongo que no pasaba suficiente tiempo con ella. Supongo….- suspiro de Wilson- Resulta que tienes razón: siempre es el sexo. Ha tenido una aventura.
House: ¿Cervecita?

Lo malo o bueno de ver las cosas por segunda vez –esta vez en versión original– es que ves lo que antes no veías deslumbrado por la luz del macho dominante: El brillante, el prepotente, el sarcástico, el que abarca el espacio y no deja que te fijes en nadie más. Ahora estoy viendo el lado humano, brillante y bondadoso de Wilson.

Lo siento, House, pero te equivocaste con Wilson. No era él quien tenía una aventura. Wilson fue fiel, cosa que tú pareces no comprender ni siquiera cuando se trata de tu mejor amigo. Ahora yo estoy viendo al Wilson brillante, bondadoso, compasivo, humano y fiel que como mujer quiero. No todo es sexo, House. Me estoy enamorando de Wilson. Te aviso.

miércoles, 2 de abril de 2008

¿Quién borra el disco duro?





Hay personas que al enamorarse guardan en una carpeta su amor a cal y canto. Le pasan cada día un antivirus, le colocan una clave para que nadie pueda entrar, lo blindan, lo bloquean y hasta lo protegen de tal forma que nunca pueda borrarse. Son amores que duran eternamente.

Otros guardan su amor en un archivo, pero al no protegerlo de virus, ni de extraños, la mayoría de las veces se estropean, y aunque les pasen un buen antivirus o reinicien dos o tres veces el ordenador, ya nunca más vuelven a funcionar tan bien como antes, y a veces hasta lo pierden.
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Hay gente que guarda su amor en su escritorio, en un buen sitio, en una preciosa carpeta que abren a diario, pero al primer fallo, al primer problema que le dé dicho programa –y si no es al primero será al segundo o al tercero– lo seleccionan y sin ningún problema le dan a la tecla “Supr” y tan frescos siguen trabajando con los demás archivos. Algunos creen que podrán seguir sin necesidad de tener amor, otros en cambio buscarán en Google otro con que rellenar el hueco que quedó en la pantalla.

Dentro de este grupo están los que se limitan a dejarlo en la papelera de reciclaje por si un día, tal vez, se arrepienten y quieren volver a recuperarlo; y los que, quizás por tanto dolor, rabia o simplemente por pura inconsciencia, lo eliminan del todo, lo suprimen hasta de la papelera de reciclaje, para siempre adiós, pues no quieren dejar ni rastro de esa etapa de su vida.

Otro tipo de gente son los que a pesar de tener su amor en una carpeta y sin que haya motivo alguno de disgusto, sin que nunca haya fallado el archivo, así y todo de vez en cuando se meten a navegar por internet por si acaso encuentran otro amor que les complazca más. Y si eso ocurre, ni cortos ni perezosas crean otra carpeta a la que nombrarán como “Amor 2” y durante más o menos tiempo –a no ser que tengan algo de respeto por su amor primero, en cuyo caso suprimirán la carpeta “Amor” antes de colocar la segunda- jugarán con ambas, abriendo ora una, ora otra, hasta decidirse por cuál les gusta más o hasta que uno de los amores se estropee y por sí solo desaparezca.

Los que verdaderamente pena me dan son los que habiendo blindado su amor, llega un día –¿qué más da el motivo?– en que heridos desearían desenamorarse para dejar de sufrir, pero lo blindaron, no pueden. La única alternativa que les queda es borrar el disco duro, pero si lo hacen lo perderán todo, saben que borrarán con su amor toda su vida.

domingo, 30 de marzo de 2008

Tengo un nuevo amigo





No creo que él me considere su amiga, pero a mí eso me da igual. Yo tengo un nuevo amigo. Lo he decidido: es mi amigo. Y lo es porque me gusta su forma de entender las cosas, me gustan sus razonamientos lógicos y sobre todo me gusta el que me trate con respeto, de igual a igual. Hay tanta gente que al hablarte o mirarte te hacen sentir una basura que es una gozada encontrar a alguien que no lo hace.

Son muchas las veces me he visto reflejada en la tira cómica de Quino en la que el padre de Mafalda estando en la playa con su bañador se acerca a un hombre aparentemente igual que él, primero se sonríen pero al decirle que él es contable y preguntarle inocente por la profesión del otro, se encuentra con un hombre que al contestar: "Doctor" - y que Quino dibuja sobre un enorme pedestal - se manifiesta con una superioridad tan inmensa que el pobre padre de Mafalda queda empequeñecido pues para el "doctor" un contable nunca podrá alcanzarlo.

Así me siento yo algunas veces, empequeñecida ante palabras, miradas o gestos que dicen claramente, aunque sea otra cosa la que salga por la boca: " Yo soy superior a ti"

Por eso, aunque tan sólo haya cruzado diez o doce frases con este hombre, y aunque sean muchas veces las que he tenido una buena impresión de alguien que luego me ha defraudado por completo y herido hasta tal punto que prometí en ese instante no volver a hacerme buenas impresiones de la gente con la primera frase amable, ingeniosa, inteligente, galante, etc, que digan, yo ¿qué le voy a hacer? Este hombre me trata de igual a igual, me respeta y encima es amable conmigo.

Yo lo quiero como amigo.

miércoles, 26 de marzo de 2008

sábado, 8 de marzo de 2008

A estas alturas y ni idea


Mañana es día de elecciones. Todo el mundo tiene claro a quién votará o qué hará en las urnas menos yo.

Llevo semanas viendo todos los debates políticos, escuchando todas las opiniones de amigos, políticos, compañeros, familia, etc.; he leído en todos los periódicos y demás medios de comunicación escrita todos los artículos que se han puesto a mi alcance, incluidos los que sostenían las creencias más absurdas y extremistas. He oído a toda clase de gente y todo tipo de juicios y valoraciones, algunos tan vehementes, acalorados y alterados que francamente, me han llegado a asustar, pues más que intentar convencer me parecía que intentaban amedrentar. A veces, en mi submundo, me imaginaba a ese tipo de gente sacando un garrote del cinturón, con su cara roja como un tomate y gritando:” Si no votas a Fulanito te meto una mamporro en el cogote”

Cuando tengo alguna duda me gusta hablarlo con mi hijo. Y no porque sea –que lo es– muy razonable y lógico en sus pensamientos y apreciaciones, sino porque es una de las pocas personas que conozco que escucha y opina sin esa vehemencia agitada y hasta agresiva que como dije antes me asusta. Pero sobre todo porque Richi nunca te mira ni te contesta con esa especie de superioridad y altivez con la que te suelen mirar y contestar ciertos personajes que parecen decirte –si es que no te lo dicen tal cual– que eres una nulidad completa por pensar de esa manera. Vamos, como si en vez de ser yo una persona fuese una albóndiga frita. Con Richi nunca es así. Siempre hablamos de igual a igual.

Desde hace unos días tenía decidida mi postura: la abstención. Postura que por supuesto se me ha criticado duramente y con saña por todo el mundo a excepción de mi marido y mis hijos. Pero justo ayer va una banda terrorista y le pega cuatro tiros a un pobre trabajador asalariado.

Sabiendo que dicha banda terrorista pide la abstención le comento a mi hijo que después de semejante barbaridad, he decido ir a votar. Mi hijo me escucha y sabiendo que siempre he defendido que las acciones terroristas nunca deben alterar tu sentido de la vida ni del voto, me dice: “Si lo haces, entonces la banda terrorista sí habrá conseguido que cambies tus ideas con sus atentados”.

¡Narices! Pues tiene razón Richi. ¡Será posible! Estoy en una encrucijada, es como una paradoja. Haga lo que haga: mal.

Si me abstengo haré lo que predican, si no me habrán hecho cambiar de opción.

Lo dicho, mañana es día de elecciones y todavía no sé qué haré.

sábado, 1 de marzo de 2008

Visca la revolució











La gallineta ha dit que prou,
ja no vull pondre cap més ou,
a fer punyetes aquest sou
que fa tants anys que m´esclavitza.

I si em vénen ganes de fer-ne
em faré venir un restrenyiment,
no tindrà cap més ou calent
el que de mi se n´aprofita.

La gallina ha dit que no,
visca la revolució.

A canvi d´algun gra de blat
m´heu tret la força de volar
però, us ho juro, s´ha acabat!
Tinc per davant tota una vida

i no pateixo pel destí,
que un cop lliurada del botxí
no ha d´haver-hi cap perill
perquè m´entengui amb les veïnes.

La gallina ha dit que no,
visca la revolució.

I els galls que amb mi hauran de dormir
els triaré sans i valents,
que n´estic farta d´impotents
que em fan passar nits avorrides.

Que quedi clar per sempre més,
que jo de verge no en tinc res,
i que, posats a fer, no em ve
d´un segon restrenyiment.

La gallina ha dit que no,
visca la revolució.